Al capitalismo ya no lo sirve ni la clase media ni la democracia. En su actual modalidad tecnofinanciera no necesita de la fuente de mano de obra calificada que le daba la primera ni del consenso mayoritario que le proveía la segunda. Y la IA le está dando una herramienta para destruir ambas cosas al mismo tiempo. Pero paradojas de la historia será el progresismo, en tanto bastión de los sectores politizados y todavía pensantes, quien podría ponerle freno a ese intento. De ahí la actual embestida de los tecnoligarcas contra todo lo que parezca de izquierda. Así como su desesperado apoyo a todos esos personajes ultraderechistas que hoy ganan elecciones a golpe de manipulación masiva mediante algoritmos diseñados para impedir un debate público razonable.